miércoles, 12 de agosto de 2009

LA ORACIÓN SACERDOTAL DE JESÚS - JUAN 17

Esta famosa oración se denomina con frecuencia en los estudios sobre Juan como la «oración sacerdotal» porque en ella Jesús aparece como mediador entre sus discípulos y Dios. En esta oración aparecen muchos de los temas centrales de la teología de Juan, como gloria-glorificar, conocer, mundo, nombre, envío, amor-amar, unidad, entre otros. Se advierte que el evangelista implica siempre al mundo, a los discípulos, al Padre, y así mismo en cuanto a las relaciones que se establecen entre ellos. Parece ser que el tema central de esta oración es la unidad de todos los creyentes, teniendo como modelo la unidad perfecta que existe entre el Padre y el Hijo. Jesús pide en primer lugar por sí mismo (vv 1-5), luego por sus discípulos (vv 6-19), y finalmente por todos los que habrán de creer en él (vv 20-26).
Es muy significativo que esta oración está colocada precisamente inmediatamente antes de los acontecimientos finales de la vida terrenal de Jesús. Él necesitaba toda la fuerza espiritual posible para enfrentar los cruentos acontecimientos que le esperaban dentro de poco tiempo, y la mejor manera de hacerlo es orando a Dios. Conciente de que su hora ha llegado, pide la glorificación del Hijo, que en este pasaje se relaciona directamente con su poder de dar vida eterna a los suyos. Así, se entiende que la gloria del Hijo no consiste en volver a su estado antes de la encarnación en regiones celestiales, sino en compartir la vida eterna con los creyentes. Y aún más significativo, aquí no relaciona la vida eterna como una vida sin fin solamente, sino principalmente con el conocimiento del Padre y del Hijo: «que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado» (v 3).
La oración continúa centrándose en la petición por sus discípulos, para quienes Jesús pide que sean guardados del mundo y para que puedan guardar la unidad entre ellos. Para el tiempo de la redacción final de esta oración, la unidad de la comunidad cristiana era una condición imprescindible para que pudieran soportar los embates del entorno, caracterizado por la separación del judaísmo rabínico y por brotes de violencia también de parte de las autoridades romanas. Por ello también la oración pide que los discípulos no sean sacados del mundo, porque ese no era el propósito de Dios, sino que en medio del mundo pudieran ellos ser portadores del testimonio respecto del Dios verdadero y de su Hijo Jesucristo. La oración pide principalmente que los discípulos sean protegidos del mundo y santificados en la verdad del mensaje. Jesús espera de ellos una santidad dentro de la conflictividad del mundo, no era una santidad de conventículo que se aparta para poder realizarse.
La parte final de la oración incluye en la súplica a los que aún no son creyentes pero que llegarán a serlo. Esta es expresión del amor envolvente de Jesús, que no sólo tiene preocupación por los que ya creen en él, sino en realidad por todo el mundo. Este tipo de amor y preocupación deben ser siempre modelos a las iglesias, para que nuestra preocupación y nuestro amor abarquen siempre a todo el mundo y no sólo a lo propio. Y así como esta oración es un llamado de Jesús a la unidad, así también las iglesias nos convirtamos en promotoras de unidad hacia dentro y hacia fuera, teniendo como fuerza de cohesión el amor. Además, esta unidad por la que Jesús ora es la posibilidad para que el amor del Padre pueda estar en ella y ella lo pueda compartir con el mundo.
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