viernes, 15 de mayo de 2009

DORCAS UNA CRISTIANA EJEMPLAR

Por Luciano Grillo Gutiérrez
En el puerto de Jope vivía una discípula (seguidora) de Jesús llamada Tabitá. Su nombre griego era Dorcas, que significa «Gacela» y tuvo el honor de ser la única mujer llamada «discípula» en el Nuevo Testamento. Un discípulo es más que un alumno que se sienta para escuchar; es un aprendiz que sigue a su maestro y aprende a su lado. Cabe hacernos la pregunta: ¿Qué cosa había aprendido Dorcas para que se le diese el nombre de «discípula»? Una de las lecciones que ella aprendió fue servir al Señor, pues leemos que «siempre servía a los demás y ayudaba mucho a los pobres» (Hechos 9.36 TLA).
La Biblia nos enseña que la fe y las buenas obras son como dos amigas que caminan de acuerdo: «La fe sin obras está muerta» (Santiago 2.26), pero a la vez leemos en Roamnos 4.3 que por la fe Abraham fue justificado. Esw decir que nuestra fe en Cristo, para la salvación, no nos hace egoistas, sino que nuestra fe en Dios se manifiesta en buenas obras hacia el prójimo.
Así fue en el caso de quien demostró su fe en Dios, por las buenas obras que hacía para con los pobres, y seguramente su ministerio fue según 2 Corintios 9.6-11 y no según Mateo 6.1-1, porque su memoria era «como manantial de aguas que nunca faltan». Esta discípula fue humilde, pero para sus amigas su memoria fue como «luz en las tinieblas» (Isaías 58.4-11), y hoy día en toda lengua, se habla de Dorcas, la ejemplar costurera cristiana.
Cuando murió, sus amigos perdieron un verdadero ángel ayudador, y después no tuvieron a nadie que les ayudase como ella lo hacía, con «las túnicas y vestidos que Dorcas hacía...» (Hechos 9.39). Pero no todos mueren dejando una memoria de tanta fragancia. El rey Jeroboam es recordado poor el pecado que cometió, «haciendo pecar a Israel» (1 Reyes 16.19). Judas dejó una memoria infame, y Juan le re3cordaba como «el que le entregaba» (Juan 18.2, 5). Dorcas fue conocida como una mujer que «abundaba en buenas obras y limosnas». Y se `pueden multiplicar ejemplos de personas de buena o mala fama de la historia del mundo. Cuando pasemos a la presencia del Señor, ¿qué clase de memoria dejaremos nosotros?
Dios permitió que el apóstol Pedro hiciese un milagro, porque leemos que cuando Dorcas murió, los creyentes en Jope llamaron al apóstol que estaba en Lida. Tal vez habían oído de la curación milagrosa que Pedro había hecho en Lida con el paralítico Eneas, y esperaban otro milagro en el caso de Dorcas. Seguramente querían consolación con su llegada. Con palabras sencillas, Lucas describe el milagro más grande que puede haber. Pedro, después de orar, llamó a Dorcas de entre los muertos, y ella fue resucitada, para seguiri con su vida abnegada y consagrada al servicio de Dios.
Esta sencilla historia nos hace pensar de la bendición que pueden ser las manos consagradas al Señor. En Éxodo 29.20 leemos del rito usado para la consagración de los sacerdotes, antes que sirvieran en el tabernáculo. No solamente sus manos eran cponsagradas con la sangre del carnero, sino sus oídos y sus pies, significando un oído consagrado para escuchar la voz de Dios como Samuel (1 Samuel 3), y pìes consagrados como loos de Job quien era «era ojos para el ciego y pies para el lisiado» (Job 29.15 DHH). La consagración de los pies también significa nuestro diario andar; todo ha de ser tocado con la sangre, hecho santo por el Espíritu Santo. Pero es un pensameinto solemne que estos dones que tenemos que tenemos para usar en el servicio del Re3y de Gloria pueden también ser usados en el servicio del Diablo. En Hechos 7.57 leemos de oídos cerrados al evangelio. Igualmente en 2.23 hay palabras que nos hacen recordar que las manos de los inicuos crucificaron al Hijo de Dios; pero recordemos también que Satanás está listo a enredarnos para que nuestros oídos, manos y pies sean útiles para el mal.
Aprendamos, pues, la lección de Dorcas. Tengamos fe para con Dios, y buenas obras hacia el prójimo, para que cuando termine nuestra vida en esta tierra, dejemos una fragante memoria. Que así sea.