martes, 5 de enero de 2010

EL CARÁCTER DEL HOMBRE QUE DIOS USA

Lo necio de este mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios. 1 Corintios 1.27-28.
Dios es famoso por tomar las cosas comunes y corrientes para convertirlas en extraordinarias. A lo largo de todas las Escrituras, usó hombres comunes para afectar su Reino de formas extraordinarias. Sin embargo, hay una cosa que los hacía distintos. Si los observamos con cuidado, podremos ver algo que tenían en común. Cada uno de los hombres que Dios usaba tenía un corazón sensible, listo para escucharlo, y una vida dispuesta a obedecerlo. Además, todos ellos poseían la integridad necesaria para darle la honra a Dios.
Los talentos y las capacidades no son requisitos previos para que Dios nos use. Los logros, los premios y los reconocimientos no nos aseguran que tengamos utilidad en el Reino; en cambio, un «corazón contrito y humillado» sí (Salmo 51.17). Lo que el Señor mira es el estado del corazón del hombre.
«Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón». Jeremías 17.10
Hay dos cosas involucradas cuando se toma lo común y corriente para hacerlo extraordinario: un hombre, y Dios Todopoderoso en una relación de pacto. Nosotros somos lo común y corriente. Lo extraordinario viene de la naturaleza de Dios. Cuando Él toca se vuelve especial, porque el Creador ha interactuado con su creación.
Cada una de las partes tiene un papel que cumplir en esa relación. Sin embargo, a diferencia del contrato humano, que queda anulado si uno de los firmantes no cumple, Dios nunca falla. Dios sigue siendo fiel, a pesar de nuestra infidelidad. No obstante, hay algunas condiciones que debemos reunir para que Él nos use.
La disponibilidad: el estado de hallarnos listos para que Él nos use.
Puesto que Dios está en todas partes, cualquier situación reúne el potencial necesario para volverse extraordinaria. Su presencia cambia drásticamente las circunstancias. No hay límites en cuanto a lo que pueda suceder. Desde la perspectiva del hombre, ese proceso es inexplicable. Desde la perspectiva del Reino, es la forma normal en la que Dios realiza su voluntad por medio de nosotros.
«Cosas que 0j0 no vio, ni oído oyó, ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman.» 1 Corintios 2.9