martes, 25 de octubre de 2011

LA SEMILLA DE MOSTAZA

Hay que apostar por ideales nobles en esta vida. Decidirnos a cambiar la venganza por el perdón, el egoísmo por la generosidad, el odio por el amor, la debilidad ante las dificultades por la fortaleza ante ellas. Los muchos avatares en esta vida nos impiden ver el bien que Dios tiene preparado para nuestro futuro. Cristo nos lo enseña comparando el Reino de los cielos con un grano de mostaza.
Una semilla tan insignificante por su pequeñez que seguramente un no entendido la hubiese tirado a la basura. Sin embargo, en su pequeñez se encierra su grandeza. Podríamos pensar que una minucia de este tamaño  no sirve para nada. Pero si conociésemos lo que viene después, pagaríamos lo que fuese por conseguirla. De la misma forma son los ideales por lo que hay que apostar y pagar lo que sea por conseguirla. Al inicio no vemos el provecho personal que hay en perdonar a quien nos ofendió o prestar ayuda a quien la necesita porque no vemos más que "una insignificante semilla de mostaza", y lo es. Pero pensemos también que el fruto que viene después será inmensamente superior al que nosotros esperábamos.
Sembremos estas semillas del perdón, de la alegría, de la unión, de la fortaleza, entre nuestros familiares y amigos, pero sobre todo en nuestro propio corazón. Son semillas que en su pequeñez se encierra su grandeza y provecho para nuestra vida.